Las mejoras tecnológicas contribuyen a hacer nuestra vida más segura. Mejores y más efectivos tratamientos farmacológicos, vehículos con dispositivos de protección más eficaces, pruebas diagnósticas más refinadas. A continuación presentamos algunas ideas revolucionarias que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Drones:

Las aplicaciones de los drones son crecientes y abarcan multitud de campos, hasta el punto que la Comisión Europea estima que, en diez años, estos vehículos no tripulados constituirán hasta el 10% del tráfico aéreo europeo. Además de al ocio y a la obtención de imágenes aéreas se prevé que su uso se extienda a tareas de control de tráfico, vigilancia medioambiental y soporte de la red de telecomunicaciones, entre otras.

La alta movilidad de estos artefactos ofrece grandes oportunidades en el campo de las labores de rescate. Más de medio centenar de personas se habría salvado el año pasado gracias a la intervención directa de estos dispositivos, según un informe publicado por DJI, uno de sus principales fabricantes a nivel mundial. Los drones de salvamento, mediante boyas, sensores infrarrojos, cámaras térmicas y sistemas de marcado láser habrían permitido el rescate de alpinistas, nadadores en peligro de ahogamiento, víctimas de inundaciones y personas desaparecidas en todo el globo. Investigadores del Grupo Control y Robótica de la Universidad de Huelva han patentado un sistema de salvamento con drones para emergencias próximas a la costa que reduce el tiempo de respuesta a segundos, mientras que la Unidad Canina de Rescate y Salvamento de Madrid (UCRS), en colaboración con la empresa Dronemadrid, ha desarrollado y aplicado sobre el terreno distintos modelos en labores de búsqueda y apoyo sobre grandes extensiones de terreno y estructuras colapsadas.

Los drones son también capaces de transportar desfibriladores automáticos en escasos minutos junto a una persona que ha sufrido una parada cardiaca. La inmediatez en la actuación es crítica, debido a los daños que la falta de oxígeno causa en el cerebro cuando el riego sanguíneo se detiene. El prototipo creado por Alec Momont, de la Universidad Técnica de Delft, alcanza una velocidad de 100 km/h y está equipado, además de con un desfibrilador, con un sistema GPS que le permite localizar el teléfono móvil desde el que se da la señal de emergencia  así como con cámaras, micrófonos y altavoces que permitirían a los equipos de emergencia comunicarse y dar instrucciones a los ciudadanos que se hallen junto al herido y un compartimento de carga equipado con medicamentos que podrían ser administrados in situ al paciente de forma inmediata.

Aplicaciones móviles de emergencia:

Los teléfonos móviles se han convertido casi en parte indispensable de nosotros. Tenemos apps para todo, y algunas de ellas pueden salvarnos la vida. Safe365 (también conocida como Alpify), por ejemplo, guarda nuestra ubicación y ruta en la nube, y la pone en conocimiento de los servicios de emergencias si pulsamos el botón de alarma o si alguien denuncia nuestra desaparición. Para ello, evidentemente, es necesario que el geolocalizador esté activado. Si falla la cobertura 3G/4G envía SMS tradicionales. First Aid y Medscape ofrecen información médica y de primeros auxilios práctica y comprensible a sus usuarios. Companion, desarrollada por estudiantes de la Universidad de Michigan, permite a aquellos contactos que el usuario elija monitoricen su desplazamiento en ruta, generando alertas si el usuario corre, su teléfono se desconecta u ocurren otras eventualidades, y le solicita, a intervalos regulares, la confirmación de que todo marcha bien. SkyAlert nos avisa de los seísmos hasta dos minutos antes de que ocurran, y existe un buen número de otras aplicaciones que nos permiten mantener el contacto con nuestros seres queridos, estar alerta de catástrofes naturales, etc.

Criopreservación:

Aunque sigue siendo disruptiva, esta tecnología en realidad lleva utilizándose desde hace casi medio siglo. Básicamente, la idea consiste en almacenar a temperaturas muy bajas los cuerpos de aquellas personas cuya vida se ha visto truncada por una enfermedad a la que no se puede hacer frente con la tecnología del presente pero para la que tal vez se desarrolle una cura en el futuro. A día de hoy, todavía no se ha logrado revivir con éxito a una persona adulta criopreservada, pero los avances tecnológicos en este campo son espectaculares y demuestran su viabilidad. Desde la conservación de las primeras células espermáticas en los inicios de la criobiología hasta la vitrificación y recuperación exitosa de órganos completos como riñones de conejo u ovarios de oveja han pasado sólo treinta años. De seguir a ese ritmo la criopreservación y completa recuperación posterior de seres humanos adultos podría, según algunos investigadores, convertirse en una realidad viable antes del año 2050.

Una de las principales objeciones que se plantean a este tipo de iniciativas es la imposibilidad de resucitar a los muertos. Sin embargo, para los defensores de la criónica, los pacientes criopreservados solo están muertos desde el punto de vista legal, pero no desde el punto de vista biológico. La misma tecnología que se utiliza para salvarle la vida en la calle a una persona que ha sufrido una parada cardiaca podría emplearse en el ámbito hospitalario para revivir a los pacientes que acaban de fallecer. El problema es que este esfuerzo sería inútil, puesto que esas personas volverían a morir a las pocas horas, y todo lo que se conseguiría es acrecentar su sufrimiento, sin poder ofrecerles a cambio ninguna esperanza de curación. La criónica propone detener el deterioro biológico hasta que dichas posibilidades de curación se desarrollen, pero, en lo que a resucitar a los muertos se refiere, se basa en una tecnología ya disponible a día de hoy.

Hay casi medio millar de personas criopreservadas en todo el mundo. Fundamentalmente en Estados Unidos y Rusia. En España, Cecryon es la primera empresa de criopreservación que ofrece sus servicios con ámbito estatal y europeo. Sus instalaciones están situadas cerca de Valencia, aunque disponen de equipos capaces de desplazarse y actuar en cualquier país de Europa y prevén abrir nuevos criocentros en otras ciudades europeas en el futuro.

Además de criopreservar pacientes, las aplicaciones de esta tecnología permitirían una mejor conservación de órganos para trasplantes. Una posibilidad que tampoco se ha llevado aún a la práctica pero que, paradójicamente, y a diferencia de lo que ocurre con la criónica, no despierta recelos entre la comunidad científica, que la contempla como una realidad al alcance de la mano, pese a sustentarse en el mismo marco teórico que la criopreservación humana.

Sistemas de alerta:

La tecnología de reconocimiento facial es ya una realidad que se enfoca principalmente, en el ámbito civil, a la publicidad dirigida. Los ordenadores no solo son capaces de distinguir nuestra edad y sexo, existen sistemas de seguimiento pupilar que permiten determinar hacia dónde miramos y durante cuánto tiempo lo hacemos, con el propósito de averiguar qué llama nuestra atención. En el campo de la seguridad estas aplicaciones tecnológicas también juegan un papel muy importante, que puede  contribuir a salvar vidas, pero en lo que queremos centrarnos en este apartado es en el aprovechamiento de este tipo de desarrollos científicos para la implementación de sistemas de alerta que ya están al alcance de nuestra mano.

Diversos modelos de vehículo incorporan ya tecnología inteligente capaz de detectar el cansancio del conductor basada en estos avances. La idea no es nueva, en 1920 ya existían collares que activaban una alarma si el conductor, al cabecear, los apretaba con el mentón, y en los años 80 se desarrollaron sistemas basados en láminas metálicas incorporadas en el volante que, en caso de que dejasen de ser apretadas con la fuerza habitual que emplearía un conductor completamente despierto, lo alertaban de la situación.

Los sistemas modernos permiten detectar la cadencia del parpadeo y los cabeceos del piloto, e incorporan otros datos recogidos por el resto de sistemas de seguridad del vehículo, como, por ejemplo, si pisamos o no las líneas de la carretera, si olvidamos poner el intermitente al cambiar de carril o si manejamos el volante con brusquedad. Dichos patrones se comparan con nuestra conducta habitual al volante y, en caso de detectarse cansancio, el coche nos avisa y nos recomienda descansar.

Afortunadamente, no necesitamos un vehículo de alta gama para beneficiarnos de la tecnología al servicio de la seguridad al volante. Ford Motor Company, junto a la empresa brasileña GTB, ha desarrollado “Safe Cap”, una gorra indistinguible de las que emplean muchos camioneros estadounidenses, dotada de giroscopios y acelerómetros capaces de detectar, por ejemplo, las cabezadas que damos al adormilarnos al volante y de sensores que monitorizan nuestro grado de actividad cerebral.

Otros sistemas de alerta aprovechan el importante desarrollo que se ha producido en el campo de los biosensores para monitorizar nuestras constantes vitales. Muchos deportistas emplean pulsioxímetros para controlar su frecuencia cardíaca. La empresa española Nuubo va un paso más allá, y desarrolla una camiseta que incorpora un sistema de monitorización electrocardiográfico mediante electrodos textiles impresos en 3D.

Nanobots:

La nanotecnología es uno de los desarrollos científicos futuros más prometedores en el campo de la biomedicina. Comenzó a desarrollarse en 1959, aunque es en estos últimos años cuando se han producido los mayores avances.

Una de las aplicaciones biomédicas cuya disponibilidad está más próxima es el empleo de nanopartículas que sirvan como transportadores de fármacos para su liberación controlada, mejorando así también su solubilidad, biodistribución y estabilidad química. Las nanopartículas magnéticas, que pueden activarse mediante un campo electromagnético externo para conseguir que vibren y produzcan calor se están estudiando también como mecanismo para lanzar ataques térmicos sobre tejido tumoral. Esta tecnología podría ofrecer asimismo una solución a las dificultades a la hora de alcanzar un calentamiento homogéneo que aparecen en otros campos científicos en desarrollo como la criónica.

La Doctora Tejal Desai, profesora de bioingeniería de la Universidad de California ha encapsulado células beta pancreáticas en contenedores con microporos, que permiten la entrada y salida de oxígeno, glucosa e insulina pero protegen a la célula de la respuesta inmune del organismo en el que son inyectadas, evitando así que sean reconocidas como elementos externos y destruidas y funcionando, a todos los efectos, como un páncreas artificial.

Por su parte, Charles M. Lieber, profesor de Química en Harvard, ha desarrollado una tecnología basada en nanohilos de silicio ultrafinos capaces de detectar virus individuales, que pueden organizarse en matrices capaces de detectar miles de virus distintos, lo que permitiría un diagnóstico precoz, en los estadios más iniciales de la infección y supondría un gran avance en seguridad biológica.

Aunque los auténticos nanobots aún quedan un poco lejos, el trabajo de Robert Freitas, investigador del Instituto de Fabricación Molecular de California nos ofrece algunos atisbos del futuro. Freitas ha diseñado un glóbulo rojo artificial, bautizado como Respirocito, de una sola micra de diámetro, con una capacidad para transportar oxígeno con una efectividad doscientas veces mayor a la de los hematíes. Asimismo, Freitas también es responsable del diseño de los microbívoros, concebidos para limpiar nuestro torrente sanguíneo de patógenos con una efectividad mil veces superior a la de nuestro sistema inmunitario.

Sistemas de protección para grandes catástrofes:

Todos sabemos que los aviones son el medio de transporte más seguro, pero, aun así, el miedo a volar es mucho más común que el de coger un coche. Los incendios y terremotos, sobre todo en España, tampoco son riesgos a los que previsiblemente vayamos a enfrentarnos con demasiada frecuencia, pero que sí preocupan a un buen número de personas, y pueden tener una mayor incidencia en países de habla hispana como por ejemplo Chile. Estos inventos ofrecen soluciones tecnológicamente sencillas, pero creativas, para protegernos en tales emergencias.

Las mangas de evacuación vertical de Axel Thoms, por la sencillez de su diseño, tal vez sea el sistema que más llame nuestra atención. Los usuarios se deslizan a través de un interior en espiral o bien aprovechan la estrechez de las paredes para frenar su velocidad de descenso. Están fabricadas con un material que deja pasar el aire pero no el humo o la ceniza. El fabricante alemán asegura que se pueden desplegar en menos de sesenta segundos y ofrecen una velocidad de evacuación de hasta ocho personas por minuto. La principal ventaja es su facilidad de instalación y el bajo impacto arquitectónico y visual que suponen.

Otro curioso ingenio son las camas preparadas para seísmos. El propio mueble, convenientemente reforzado, se pliega sobre si mismo, tragándose y encerrando al usuario para protegerle de los cascotes que pudieran caer durante un terremoto. En el interior, además, pueden guardarse alimentos y otros artículos de primera necesidad con los que hacer frente a la espera hasta que lleguen los equipos de rescate. El invento fue patentado en 2010 por un jubilado chino, Wang Wenxi, que desde entonces ha perfeccionado y desarrollado diversos modelos.


Notice: Trying to get property of non-object in /home/ceccom/public_html/wp-content/themes/salient/functions.php on line 4144

Notice: Trying to get property of non-object in /home/ceccom/public_html/wp-content/themes/salient/functions.php on line 4145

One Comment

Leave a Reply